Los Paredes Eguiluz de Tacubaya

Introducción

      Los datos, fotos y muchas anécdotas sobre nuestros antepasados se los debemos principalmente al espíritu de coleccionista y al enorme cariño a la familia que tiene mi primo hermano Fernando Cruz Paredes. Para esta primera presentación, he recibido datos y comentarios de los primos Martha Paredes de Navarro, Alicia Paredes de Scribner, Eugenio Paredes Olache, Eduardo y Guadalupe Paredes Shotte y Sol Ondorica de Mendoza. El objetivo es hacer un trabajo, lo más completo posible con la participación de primos y sobrinos. Para lograr esto, repartí 20 copias de esta primera edición, para que se lea y se enriquezca con las correcciones y aportaciones que me envíen y preparar un documento con la historia lo más completa posible de nuestros padres y abuelos.

      Por el lado de nuestro abuelo, podemos remontarnos a fines del siglo XVIII, cuando nació nuestro tatarabuelo, Antonio Paredes probablemente alrededor de 1795 quien tuvo dos hijos, Eduardo María, nuestro bisabuelo nacido en 1823 y Eugenio, nacido el año siguiente. Ambos murieron de 62 años.

      El bisabuelo casó con Ignacia Castellanos y tuvieron 8 hijos, Eduardo Juan, nuestro abuelo, nacido en 1863 y sus hermanos menores Genaro, Enrique, Ignacio, Arturo, Cristina, Ángela y María del Carmen. No conocí al abuelo, pero si a Genaro, su hermano, en la casa de los primos García Paredes. Lo recuerdo bien, un hombre fornido con un gran bigote blanco. Mi abuelo murió en 1921, pero Genaro vivió probablemente hasta después de1940.

      Por el lado de los antepasados de nuestra abuela, desconocemos los padres de nuestra bisabuela, la mamá Vicentita, pero definitivamente no compartimos la sangre azul de Maximiliano, como algunos hemos deseado creer y que fue engendrada por un desliz que supuestamente tuvo el Emperador con una cortesana, simplemente porque nuestra bisabuela nació años antes que Maximiliano llegara a México. Pero por otro lado la historia nos cuenta que Maximiliano no era una persona con muchas virtudes, así que quizás nos salvamos de cargar con esa herencia.

 

Antonio Paredes
 

      Por la pintura que conservamos de Vicenta Villanueva, de niña, en un lugar destacado en la sala de la casa de Cuernavaca, que es copia del original que conserva Fernando, se trata de una jovencita muy blanca y distinguida, por lo que se antoja echar a volar la imaginación y trasportamos al México de hace 150 años, en 1853 y con los datos e información que tenemos, desarrollar una historia de lo que pudo haber pasado y luego narrar lo que conocemos sobre la vida y milagros de nuestros abuelos, en un México convulsionado, salpicando el relato con un poco de historia y cerrando con algo de la vida de sus hijos y un directorio de sus nietos y bisnietos.

 

Gustavo Saavedra Paredes



Abril de 1853


      Después de la guerra con los Estados Unidos, el país estaba en crisis. La autoridad del gobierno centralista se limitaba a la Ciudad de México, los estados amenazaban con separarse de la federación, como sucedió con Tejas. Con el pago de deuda externa, el desorden hacendario, el pesado aparato burocrático y los despilfarros de Santa Anna, se esfumaron los 15 millones de dólares que pagaron los americanos ese año, por los 76,750 km2 de los llamados Territorios de Mesilla entre la ciudad de El Paso y el río Colorado, que hace frontera con California.

      Entre 1848 y 1853 se sucedieron 8 presidentes de la República, todos nombrados por el Congreso. El 20 de abril de 1853 Manuel María Lombardini entregó el poder a Antonio López de Santa Anna quien decretó administrar el país sin congreso y sin elecciones e inició una dictadura militar. Todos los puestos claves, incluyendo los gobernadores de los estados, quedaron en manos de militares.

      José María Eguiluz y Lanciego era un ranchero rico que vivía en su casa en Tacubaya con un hijo. Tacubaya era un pueblo a unos 10 kilómetros de la Ciudad de México, en donde tenían casa varios caballeros de la crema de la sociedad. Los de Teresa, los Escandón, los Dublán y muchos otros que vivían alejados de la gran ciudad en verdaderas mansiones. La casa de Chema Eguiluz era una buena casa sobre la avenida Primavera, muy amplia y arbolada. En ese año la población de la Ciudad de México y sus pueblos vecinos no llegaba a los 300,000 habitantes.

      Sin anunciarse, cerca de las 6 de la tarde llegó a la casa de Chema Eguiluz, su amigo Rogelio Escandón, con quien tenía una amistad de muchos años y habían recorrido muchos mundos juntos. –“Vengo a pedirle un gran favor a mi amigo de toda la vida”- Le dijo Rogelio al entrar a la sala de su casa. “Después de mucho pensarlo, he decidido irme a París una temporada, hasta que Santa Anna, sea muerto o derrocado. Tú sabes los problemas que he tenido con él y ahora que lo acaban de colocar como monarca todopoderoso, es cuestión de días que me mande apresar. Nunca me perdonará que lo critiqué y estuve en contra de todas sus tonterías que nos han costado tanto”. – “Me voy con la familia mañana temprano a Veracruz y a pesar de la demanda por tanta gente que quiere salir del país, ya conseguí camarotes en el barco que zarpa pasado mañana por la tarde a Marsella, vía Nueva York”.

      -Comprendo tu preocupación y tu decisión, pero ¿en que puedo ayudarte, cuando tienes gente muy capaz que manejan tus negocios y propiedades?-¡Bueno!... ¿Recuerdas a Danielle Montigny, a quien vimos juntos hace un año en el Teatro Principal? -¡Claro, cómo podría olvidarla!- “Pues bien, debes saber que he tenido un lindo romance con ella y la convencí se quedara en México, pero está embarazada y a punto de dar a luz. Me duele inmensamente dejarla y mas en estas condiciones, pero no tengo alternativa. Quisiera pedirte te encargues de ella y la ayudes en todo lo que fuera necesario. Te agradecería le entregues esta carta en donde le explico la necesidad de irme, también le digo que tú, mi mejor amigo, le vas a dar todo el apoyo que necesite hasta que esté en condiciones de alcanzarme en Francia. En el sobre he anotado la dirección de su casa en la calle de Niza y te entrego este cheque que debe cubrir ampliamente todos los gastos que tengas que hacer de doctores y sanatorio e incluyendo su pasaje a Francia”.

      Al día siguiente fue Chema Eguiluz a cumplir el favor que le pidió su amigo. Encontró a Danielle, tan bella como la recordaba, pero sufriendo su embarazo. El doctor le había recomendado no se levantara de la cama al menos que fuera absolutamente necesario y además sufría jaquecas permanentes. Se veía demacrada y preocupada. Le rodaron las lágrimas al leer la carta y en un español afrancesado agradeció a Chema su ayuda. Fue a ver al doctor Escontría, que tenía su consultorio cerca, quien le manifestó preocupación por la salud de Danielle y comentó que esperaba el parto antes de quince días. Exactamente a la semana de la visita, un enviado del doctor, le entregó una carta con la noticia que Danielle había muerto en el hospital de un derrame cerebral, después del parto, pero que la niña estaba bien y solo esperaba sus instrucciones.

      Pasó la noche pensando como cumplir debidamente el encargo de su amigo, que apenas estaría cruzando el Atlántico. ¿Qué hacer con la hija de su amigo? Por la mañana llamó a Brígido Villanueva, su contador, que estaba recién casado y le propuso a cambio de una renta mensual, que adoptara y educara a la niña. La situación económica era apretada y este ingreso les ayudaría considerablemente. Marciana Aguado, su esposa, aceptó de buena gana y los tres fueron al sanatorio. Chema Eguiluz hizo los arreglos del funeral de Danielle y entregó la niña a los Villanueva, quienes al día siguiente la llevaron a bautizar como hija suya, con el nombre de Vicenta, nombre de la madre de Marciana. Chema Eguiluz les permitió usaran la parte del fondo de su casa, que en realidad, era una casita independiente, con salida a la calle lateral.

Quince años – 1854 a 1869

      Pasaron los meses y casi un año después, se presentó la oportunidad de enviar con un propio una carta a su amigo Escandón a París para ser entregada personalmente. En la carta le contó la muerte de Danielle y el arreglo que había hecho con los Villanueva. Le comentó que veía a la chiquilla de vez en cuando y que estaba muy feliz con sus padres adoptivos, quienes la trataban como su propia hija. Respetando el derecho de la paternidad le pidió instrucciones para cumplir el deseo que tuviera sobre la criatura. Casi dos meses después recibió por el mismo conducto, esta contestación:

      -Estimado José María: Ante todo, mil gracias por haberme ayudado con este problema que solo era mío. Lamento la muerte de Danielle pues nos tuvimos un cariño amable y profundo. Ella ya sufría jaquecas, desde que la conocí. Respecto a la niña, creo que sería un disparate cambiar los arreglos que has hecho, que me parecen excelentes. Alguna vez conocí a Brígido y me pareció un joven inteligente y capaz. Mi única preocupación es que no le falte nada y que tenga la mejor educación posible. Estoy dando instrucciones a mi oficina para que te entreguen el dinero que consideres adecuado y con la periodicidad que te convenga, para que en ningún momento sea la chiquilla una carga para los Villanueva y obviamente tampoco para ti.-

      -Por favor preséntate con Quiñones en mi oficina, quien espera le digas lo que necesitas. También me parece absurdo hacerle saber a la niña el nombre de sus padres verdaderos. Guardemos entre nosotros este secreto para siempre. Por nuestro lado, extraño mi México, pero aquí estamos bien y ya nos acostumbramos a la vida en París. Los hijos en sus escuelas y hemos hecho buenas amistades con algunos franceses y con otros mexicanos que están en situación similar a la nuestra. Otra vez agradezco tu ayuda y espero vernos pronto para darte un apretado abrazo ¡Has sido un verdadero amigo y estaré en deuda contigo, ¡para siempre! Rogelio Escandón –

      José María Eguiluz y Lanciego o Chema de cariño, nació en 1810 y había heredado un pequeño rancho cerca de Tacubaya, pero gracias a su trabajo y dedicación lo había multiplicado. Sembraba maíz y avena, pero con la cercanía de la Ciudad de México, su negocio más redituable era la hortaliza. También tenía una propiedad cerca de Apan en Hidalgo, con una buena producción de pulque. Era un individuo inteligente e instruido. Casado tarde con María Argüelles, una mujer de Santander, con quien tuvo dos hijos. Ella, en un viaje a España hacía ya algunos años tuvo un accidente mortal y la hija casada vivía en Puebla.

      La casa de Chema sobre la Avenida Primavera era de buen tamaño, con la distribución popular en esos años, estudio, sala, recámaras, baño grande, una tras otra con puerta a un gran corredor techado que daba a un jardín con fuente al centro. El comedor junto a la cocina y al fondo, la casita de los Villanueva, las habitaciones de la servidumbre y la caballeriza. La casa tenía un gran portón para las carretas de caballos que daba a la avenida y un postigo en una de las hojas, para los de a pie. En esos tiempos el transporte era a caballo o con carreta. En la Ciudad de México había trenes de mulitas, pero no llegaban a Tacubaya. Había un tren de San Lázaro a Tacubaya, pero el servicio era infrecuente. Una desviación llegaba hasta el Panteón de Dolores, pero esta solo transportaba muertos, que en esos tiempos abundaban.

      La situación en México en 1854 y por los siguientes 15 años fue caótica. En marzo de 1854 los federalistas opositores de Santa Anna, encabezados por Florencio Villarreal e Ignacio Comonfort proclamaron el Plan de Ayutla, desconociendo a Santa Anna y a sus militares. El ejército revolucionario nombra a Juan Álvarez como presidente y éste se rodea de jóvenes valiosos como Melchor Ocampo, Ponciano Arriaga, Benito Juárez y Santos Degollado. Agobiado por la edad y lo difícil de la situación, que requería energía y vitalidad que Álvarez ya no tenía, coincidiendo con la rendición de Santa Anna que sale del país a fines de 1855, Álvarez renuncia a su cargo y deja la presidencia a Ignacio Comonfort, quedando él como interino.

      Comonfort gobernó de diciembre de 1855 a noviembre de 1857 y aunque hizo mucho durante su gobierno, incluyendo el inicio del ferrocarril a Veracruz, el alumbrado de gas en la Ciudad de México, la Biblioteca Nacional, la Escuela de Agricultura, la de Comercio y Corredores, la de Artes y Oficios y hasta la Dirección de Pesas y Medidas adoptando el Sistema Métrico Decimal, era una persona que no pudo contra la presión de sus oponentes ni tampoco defender y hacer cumplir la Constitución promulgada el 5 de febrero de 1857. En diciembre de 1857, anunciándose con cañonazos, entra a la Ciudad de México, Brígido Zuloaga, general de Benito Juárez, empezando así la Guerra de Reforma que duró tres años.

      Al gobierno de Juárez lo apoyó Estados Unidos y en 1860, los ejércitos juaristas habían triunfado. Entre tanto, Benito Juárez como presidente provisional entre 1858 y 1861, emitió en 1859 las Leyes de Reforma decretando la nacionalización de los bienes de la Iglesia, la ley del matrimonio civil, la separación de Iglesia y Estado, la ley del registro civil y la libertad religiosa.

      Elegido presidente en 1861, Juárez trató de poner orden. Por falta de recursos, suspendió el pago de intereses de la deuda extranjera adquirida por los gobiernos anteriores. Molestos con su decreto, Francia, Gran Bretaña y España decidieron intervenir conjuntamente para la protección de sus intereses en México. El primero en actuar fue Napoleón III de Francia. Una expedición conjunta ocupó Veracruz en 1861, pero cuando las ambiciones colonizadoras de Napoleón se hicieron evidentes, los británicos y españoles se retiraron en 1862. Durante un año las tropas francesas se abrieron camino desde la costa y finalmente entraron en la capital en junio de 1863. Juárez y su gabinete huyeron, mientras que un gobierno conservador provisional, apoyado por los sectores monárquicos del país, proclamó el Imperio Mexicano y ofreció la corona, a instancias de Napoleón III, a Maximiliano, archiduque de Austria, hermano del emperador Francisco José.

      De 1864 a 1867 Maximiliano I y su esposa Carlota gobernaron el Imperio, pero en 1867, bajo la presión de Estados Unidos, que seguía reconociendo a Juárez, Francia retiró sus tropas. Las fuerzas de Juárez recobraron el país y las tropas republicanas, bajo el mando del general Porfirio Díaz, ocuparon la ciudad de México. Maximiliano I, sitiado en Querétaro, fue obligado a rendirse y después de un consejo de guerra, fue fusilado en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867.

      La vida en la Ciudad de México era de sobresaltos y de poca seguridad. Las carretas que viajaban entre la Ciudad de México y el pueblo de Tacubaya eran asaltadas con frecuencia. Se estableció el sistema de escoltas con uno o dos jinetes bien armados que viajaban con las carretas, sobretodo cuando viajaba gente pudiente. Se vivía sin haber sido establecido, un toque de queda, poca gente se atrevía a salir de noche. La vida se concentraba dentro de las casas y las fiestas o tertulias no eran frecuentes.

      La familia de Chema Eguiluz y por consecuencia la de los Villanueva era muy encerrada. Chema iba a su rancho acompañado con uno o dos de sus ayudantes y al mercado de Cartagena iban los criados. Corría el año de 1863 y su hijo Carlos vivía muy a disgusto en Tacubaya. Carlos había cumplido 16 años y por el desorden del país, no había tenido una educación con la disciplina necesaria y no solo había perdido el interés de estudiar sino tampoco le interesaba ayudar o participar en los negocios de su padre. La familia de su madre era de Santander y Carlos soñaba con volver a vivir con sus parientes españoles, así que con el pretexto de que a Carlos si le interesaba estudiar en España, lo llevó a tomar la carreta a Veracruz y se despidió de su hijo, alejándolo de los problemas en México y con la promesa de ir a buscarlo cuando la situación en México se mejorara.

 

      Al cumplir los 10 años Vicentita hizo su primera comunión en la capilla de la casa de unos vecinos. Ella ambulaba por toda la casa y gustaba pasar largos ratos en el estudio, de dizque su padrino. Chema le tenía mucha paciencia y le leía y le enseñaba todo lo que la chiquilla quería saber. Cuando no podía ir a la escuela, Chema arreglaba que la profesora viniera a la casa a dar clases a ella y otras amiguitas de la misma edad que vivían cerca. La gracia e inteligencia de Vicentita lo tenía cautivado.

      Paralela a esta historia, también en Tacubaya y precisamente en 1863 nace nuestro abuelo Eduardo Juan Paredes Castellanos. Sus padres el Teniente Coronel Eduardo María Paredes e Ignacia Castellanos. No sabemos detalles de su infancia, tuvo 4 hermanos y 3 hermanas e ingresa al Colegio Militar el 25 de mayo de 1878. Por sus buenas calificaciones es ascendido a Subteniente de Artillería en 1881 y al terminar sus estudios en diciembre en 1884, sale con el grado de Teniente.

Vicenta Villanueva Aguado a los 13 años
 

      En 1869 Chema Eguiluz, ya con 59 años, toma la decisión de casarse con su protegida Vicentita que acababa de cumplir 15 años. La combinación de muchos factores, el encerramiento, su soledad y el enorme cariño y admiración que desarrolló la joven por su maestro y protector, da lógica a esta unión. Tuvieron 4 hijos, Beatriz, nuestra abuela y sus hermanos, Aurora, Luis y Luz. A partir del nacimiento de nuestra abuela en 1870, Marciana o la Nanita, debido a la corta edad de su hija adoptiva, ocupa un puesto importante prácticamente manejando por muchos años la casa del matrimonio Eguiluz y es ama de llaves y nana de los hijos de Chema quien probablemente murió alrededor de 1886.

José María Eguiluz y Lanciego 1875
Vicenta Villanueva de Eguiluz 1875

 

Fin del Siglo XIX y Porfirio Díaz

      Nuevamente Juárez intentó restablecer orden, pero había muchos sectores que se oponían a su gobierno y a sus creencias liberales. En 1871, después de una dudosa elección, el Congreso lo reeligió como presidente y Porfirio Díaz que era uno de los candidatos derrotados, inició una afrenta militar y encabezó una insurrección sin éxito. Benito Juárez murió en 1872 y fue sucedido por Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de la Suprema Corte. En 1876, cuando Lerdo de Tejada buscaba la reelección, Díaz encabezó otra rebelión que si tuvo éxito y fue elegido presidente.

      Porfirio Díaz gobernó a México como un autócrata desde 1876 hasta 1911, exceptuando el periodo de diciembre de 1880 a diciembre de1884, cuando nominalmente el poder estuvo en manos del General Manuel González, uno de sus colaboradores, que ganó la votación a la presidencia en julio de 1880. Bajo este periodo de 35 años, conocido como el porfiriato, se dieron importantes avances en el desarrollo económico y comercial, incluyendo nuevas plantas industriales, extensión de las vías de ferrocarril, obras públicas, mejoramiento de puertos, construcción de edificios públicos y hasta el tren eléctrico a Tacubaya, inaugurado en 1900. Muchas de las nuevas empresas fueron financiadas y manejadas por extranjeros, con concesiones al capital francés, estadounidense e inglés y acapararon casi la totalidad de la minería, el petróleo y los ferrocarriles, sin permitir que muchos mexicanos ocuparan puestos de responsabilidad. Esto contribuyó al descontento de las clases desfavorecidas que, ahogadas en deudas, soportaban malos tratos, despidos injustificados, largas jornadas de trabajo y explotación.

      Además, Porfirio Díaz favoreció a los ricos terratenientes, incrementando sus propiedades asignándoles terrenos comunales que pertenecían a los indígenas obligándolos como única alternativa a trabajar como peones en los latifundios. El dictador desatendió la educación del pueblo y apoyó a la Iglesia. El descontento y el espíritu de rebelión se extendieron por todo el país, con brotes que fueron reprimidos violentamente, como los de los indígenas yaquis y mayos, despojados de sus tierras y las huelgas de 1906 y 1907 de los obreros de Río Blanco y Cananea.

 

      En 1908, por el descontento que había por su actuación, Díaz pidió se nombrara algún candidato opositor para las elecciones de 1910, a fin de demostrar su respeto por la democracia. El candidato propuesto por el grupo liberal fue Francisco Ignacio Madero, pero perdió en la votación. A pesar de la reelección de Díaz, Madero fue reconocido, por sus ideas, como el líder de la revolución y su influencia aumentó a pesar de que estuvo un tiempo encarcelado. Otra vez por el descontento popular, Porfirio Díaz renunció en 1911 e inmediatamente después abandonó México, para nunca volver.

      Casi coincidente con los 35 años del porfiriato, nace y crece la familia de los Paredes Eguiluz. En 1887 el Teniente Eduardo Juan Paredes Castellanos se casa con Beatriz Eguiluz Villanueva, él de 24 y ella de apenas 17 años. Como su suegro José María Eguiluz y Lanciego había muerto un año antes, mamá Vicentita, entonces de 34 años entregó a su hija. No sabemos detalles de su boda, ni quienes asistieron, pero podemos imaginarnos que deben haber estado presentes los hermanos de la abuela, los hermanos del abuelo y quizás algunos tíos y amigos.

 

Brigido y Marciana Villanueva con Vicentita
 

      De los hermanos menores del abuelo, sabemos que Genaro casó con Esther Pérez de León, Cristina con José Guillaumin, Ángela con un tal de apellido Arreyuve y María del Carmen, con un señor Sánchez. No sabemos nada de Enrique, Ignacio y Arturo. Por el lado de la abuela tenemos más información. Su hermana Aurora Eguiluz se casó con Luis Esparza y tuvieron 5 hijos, Irene, Inés, Leopoldo, Alfonso y Luis. Su hermano Luis se casó con Asunción Arredondo, que se hizo una partera famosa en San Luis Potosí y curiosamente no tuvo hijos; su hermana Luz se casó con el subteniente José Olache y tuvieron 10 hijos, Catalina, Beatriz, Eduardo, Avelina, Esther, Columba, Luz Victorina, Francisco, Ángel y José, todos Olache Eguiluz.

      Regresando al abuelo, en 1890 lo ascienden a Capitán del 2° batallón de Artillería, en 1891 lo distinguen para estudiar Estereotomía (corte de piedras y maderas), Arquitectura y Dibujo en el Colegio Militar y creo recordar que también estuvo algún tiempo en Francia en la Sorbona estudiando alguna especialidad de Artillería. Fue comisionado para muchos peritajes de balística incluyendo calidad de cañones y como sinodal de maniobras de artillería. Probablemente a partir de 1902 vivía con su familia en una casa dentro del Bosque de Chapultepec, cerca del Lago Principal y en 1913 fue ascendido a General Brigadier bajo las órdenes del General de División Manuel Mondragón.

General Brigadier Eduardo Paredes
Beatriz Eguiluz de Paredes

      Nuestros abuelos tuvieron 12 hijos, en orden cronológico, Avelina, Esther, Mario, Eugenio, Cuauhtémoc, Raquel, Francisco Alejandro, Matilde, Luis, Magdalena, Eduardo y Lucrecia. Francisco Alejandro nació en 1898 y murió en 1902. Lucrecia nació en 1913 y solo vivió un día.


La Revolución

      Madero fue elegido presidente en 1911, pero no pudo detener la presión política y militar y mucho menos resolver los problemas económicos de la población. Otros líderes rebeldes, particularmente Emiliano Zapata y Francisco Villa, se negaron a someterse a la autoridad presidencial y el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, le retiró su apoyo al percibir que no lo podría controlar y optó por respaldar a sus opositores. Victoriano Huerta, jefe del ejército de Madero, conspiró con los líderes rebeldes y en 1913 se apoderó del control de la capital, asumió la posición de dictador y cuatro días después Madero fue asesinado.

      La Revolución en México fue provocada por el creciente descontento de las clases desprotegidas, que era la mayor parte de la población. En las fábricas y en el campo los trabajadores y los labradores eran explotados y con el crecimiento de la población, el problema crecía y cada día la gente estaba peor. La prolongación del sistema colonial creo una burbuja que explotó, pero como también había mucho interés de los personajes en juego en obtener poder, hubo en muy corto tiempo una permuta de riqueza y no una repartición razonada al pobre como era el espíritu y la intención del movimiento revolucionario.

      Dentro de este ambiente muy difícil, la tropa y quizás los militares de rango medio simplemente cambiaban de jefe, pero los de alto rango que representaban un reto y amenaza al usurpador fueron perseguidos y este era el caso del abuelo. Eduardo Paredes que fue leal a Porfirio Díaz y a Madero, no aceptaba ideológicamente el cambio. El general Felipe Ángeles, a quien le merecía respeto, ya pensaba en unirse a Villa. Para esto, Eugenio su hijo, ya de 21 años, consiguió un trabajo en la oficina secreta que Villa tenía en la Ciudad de México y por su conducto recibió la invitación de Villa de unirse contra Huerta y aprovechar su experiencia como artillero. Probablemente estuvo casi un año en las huestes de Villa, pero como no podía aceptar la forma de ser del Centauro del Norte, decidió renunciar y como tampoco podía regresar al ejército tuvo que huir a Veracruz y de ahí llegó a Nueva York con escala en La Habana y Nueva Orleans. Me puedo imaginar el problema de la abuela Beatriz que toma la decisión de salir del país con toda su familia, para evitar problemas quizás hasta represalias y reunirse con su “Juan”.

      Para 1914 ya habían nacido todos sus hijos. Esther de 24 años estaba ya casada con Miguel Ordorica. El era militar de la federación pero perseguido por Victoriano Huerta probablemente por amenazas contra el y su familia, se habían ido a radicar al pueblo de New Brunswick en Nueva Jersey, cerca de Nueva York, en donde quizás vivían algunas amistades. Avelina, la mayor de 25 años se había casado con Julio de la Serna, también militar, al recibir su licencia se fue con su familia a los Estados Unidos para luego regresar a su casa en Manuel Dublán en Tacubaya.



New Brunswick

      En 1916, la Abuela Beatriz de 46 años y con 8 hijos, Mario de 26 con su esposa Esther Rojo, Eugenio de 23, Cuauhtémoc de 22, Raquel de 20, Matilde de 13, Luis de 9, Magdalena de 7 y Eduardo de 5, tomaron el tren a Laredo, acompañados con la Nanita y de ahí hasta Nueva York y luego a New Brunswick en donde ya vivía su hija Esther y para reunirse con su marido. Para esto y considerando el costo del viaje y una larga estancia en los Estados Unidos, la abuela vendió sus muebles e hipotecó la casa. Ya me puedo imaginar este viaje en tren a Laredo, con los hijos, cruzando pueblos y ciudades con problemas, amenaza de asaltos y con el país en ebullición totalmente fuera de control. En realidad fue una verdadera suerte que hubieran podido cruzar la frontera bajo condiciones tan adversas.

      Me imagino que llegaron a New Brunswick cruzando la Unión Americana vía San Antonio, Nueva Orleáns, Atlanta, Charlotte, Richmond, Washington y Nueva York. New Brunswick es una población situada entre Nueva York y Filadelfia. Ignoro cuanto pudo tardar ese viaje, pero quiero adivinar que con las demoras, paradas, aduanas, migración y cambios de trenes, deben haber hecho más de 10 días. Como había habido comunicación previa por telégrafo con Esther y Miguel Ordorica, deben haber llegado a una casa que había rentado la hija para su madre y hermanos. El abuelo triste y frustrado vivía arriba en la boardilla.

      Para un militar como el abuelo, debe haber sido muy doloroso el exilio, la falta de un trabajo, la aburrición, quizás sin hablar el idioma ni ganas de aprenderlo, se sentía mal, decidió regresar a México y dejar de ser una carga para su familia. Con el pretexto de buscar un empleo u obtener su subvención, tomó el barco Esperanza de Nueva York a Veracruz en septiembre de 1920. Como la Constitución de 1917 prohibía el reingreso al ejército de aquellos militares que habían traicionado la causa constitucionalista, quizás fue la gota que derramó el vaso. El 5 de enero de 1921 le avisaron a la abuela que su marido estaba grave, por lo que inmediatamente tomó el tren y llegó a la Ciudad de México el 11 de enero, para encontrar a su querido Juan agonizante. Después de 20 días de cuidados, el general Eduardo Juan Paredes Castellanos murió el 1° de febrero de 1921 de 57 años en la casa de su concuño, José Olache. Eugenio que estaba en Chile, regresó a tiempo para recibir su bendición y regresaron los dos a Nueva York en abril.

      Para esto, el 1° de mayo de 1917 el Jefe del Ejército, Venustiano Carranza es nombrado Presidente de México pero no logra establecer la paz que el país anhelaba. Hay guerrillas y enemigos por todos lados. Francisco Villa sigue siendo un gran dolor de cabeza. Después del asalto a un tren con la muerte de 15 americanos y la incursión a Columbus, Nuevo México, en donde saqueó e incendió el pueblo, los Estados Unidos enviaron al general Pershing con cuatro columnas a buscar a Villa. Era la Expedición Punitiva, pero nunca dieron con él. Carranza envía a su Ministro de Guerra, que era nada menos que Álvaro Obregón, a negociar el retiro de las tropas yanquis con el general Scott.

      En 1920 los hechos negativos contra Venustiano Carranza se sucedieron rápidamente. El 8 de abril se publica un manifiesto de Diputados y Senadores rechazando la decisión del ejecutivo de nombrar gobernadores y preparar su sucesión a favor del Ing. Bonilla. El 23 del mismo mes, Plutarco Elías Calles publica el Plan de Agua Prieta, desconociendo al ejecutivo y pidiendo su renuncia. El 7 de mayo Carranza huye de la capital y al no poder llegar a Veracruz, se oculta en la Sierra de Puebla donde el 20 de mayo es asesinado en Tlaxcalantongo. El 24 de mayo se nombra como presidente interino a Adolfo de la Huerta, para terminar el período presidencial y convocar elecciones. En julio obtiene la rendición de Francisco Villa a cambio del regalo de la hacienda El Canutillo y entrega el poder el 30 de noviembre, al general Álvaro Obregón, para el período 1920 a 1924.

      No tengo mucha información sobre la vida de la familia Paredes Eguiluz en los Estados Unidos. Por lo que me relataba mi madre, vivieron a gusto en New Brunswick, aunque debió ser difícil para los hijos mayores, Mario, Eugenio y Cuauhtémoc que tuvieron que trabajar en un país extraño. Los hijos menores, Matilde, Luis, Magdalena y Eduardo fueron a la escuela. Me contaba mi madre que cuando regresaron a México en 1923, hablaba más inglés que español. Los mayores pronto se relacionaron con las farmaucéticas Johnson & Johnson y Abbot. José H. García fue en 1916 a New Brunswick a casarse con Raquel. En 1918 nace Teresa, la hija de Mario y en 1919 muere su madre, Esther Rojo, la primera esposa de Mario. Cuauhtémoc se casó días antes de que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania en abril de 1917, con Ida Anzolut, la mejor amiga de mi madre, que la conoció en la escuela.

      En 1923 la abuela Beatriz regresó de los Estados Unidos a vivir en la casa de sus padres en Tacubaya, pagando la hipoteca con lo que había ahorrado y seguramente con la ayuda de los ingresos de los hijos mayores. En esa casa conocí a la abuela, a la Nanita y a Teté, la hija de Mario. Me cuenta Eugenio Paredes Olache, mi primo que probablemente en 1932 se fue la abuela a vivir unos meses al departamento No. 10 del Edificio Isabel, donde nosotros vivíamos, porque se arregló la casa grande dividiéndola en dos, una en donde vivía la abuela y la otra donde vivió Eugenio con su familia. La abuela Beatriz Paredes Eguiluz, una mujer de gran valor y con mucha personalidad, murió en 1933 en su casa a la edad de 63 años. En la misma casa murió la Nanita, el mismo año, pero de 103 años.

      Poco después del regreso de la familia Paredes a México, el general Plutarco Elías Calles asume la presidencia en 1924 y en los siguientes 4 años se desarrollan sucesos que forjan por bien o por mal, el futuro de México por los próximos 72 años, que siento es necesario destacar. Al inicio de su gestión hace crisis el problema con la iglesia que no acepta las limitaciones impuestas en la Constitución de 1917. Hay confrontaciones contra el gobierno, salen los cristeros y Calles suspende el culto religioso. En junio de 1925 se funda el Banco de México. En febrero de 1926 asesinan a Francisco Villa y al final de su mandato Álvaro Obregón gana las elecciones para remplazarlo, pero es asesinado el 7 de julio de 1928. Los otros dos candidatos, Francisco Serrano y Arnulfo Gómez, conspiran contra el gobierno. Serrano es asesinado cerca de Cuernavaca y Gómez es fusilado en Veracruz. Calles crea el Partido Revolucionario Nacional (PRN) e invita a los sectores Obrero, Campesino, Popular y Militar a participar. En los estatutos no escritos, le dan al presidente de la República en funciones la responsabilidad del partido y el poder para designar la sucesión. En 1946 el PNR cambia de nombre a PRI, que mantiene el poder hasta el 2000.


 

      De mis tíos recuerdo ir a casa de la tía Avelina, también en Tacubaya, pero ahora arriba, cerca de donde pasaba el tren a Cuernavaca y ahora está el periférico. Era una casa con un jardín arbolado. Vagamente recuerdo la presencia eventual de un hombre, que debió haber sido el tío Julio de la Serna, pero nunca lo oí hablar. Me aclara su bisnieto, Juan Manuel Guadarrama Olhovich, que sus bisabuelos también huyeron a los Estados Unidos e inclusive Avelina e Isabel nacieron allá. Vivíamos relativamente cerca y mi madre la visitaba con frecuencia. Me gustaba ir y jugar con la prima Lola, que era un año mayor que yo y tenía mucho que aprender de ella.

      Siguiendo en plan descendiente por edades, me llevaron varias veces al hermoso departamento que tenía la tía Esther en el Edificio Vizcaya en Bucareli. También conocí al tío Miguel Ordorica, que hablaba muy fuerte porque era sordo pero a pesar de su problema, era un periodista notable y entiendo fundador de Ultimas Noticias del Excelsior de la cadena de los Soles de García Balseca. Ahí conocí a Beatriz, Sol y Eduardo, mis primos, los tres mayores que yo. Recuerdo que Eduardo estudiaba medicina y tocaba la marimba. Años después asistí al funeral probablemente del tío Miguel Ordorica y en esa ocasión conocí a Miguel, su hijo mayor. Alguna vez vi a Rafael en México y en Connecticut conocí a Esther y a Ángela. Rafael fue vicepresidente de la Prensa Asociada en Nueva York.

      Sobre el tío Mario, no lo conocí o no me acuerdo de haberlo visto nunca. El fue el mayor de los hijos de la abuela. Se casó joven con Esther Rojo, matrimonio que duró poco porque ella murió en 1919, dejando a Teresa, su hija de 13 meses que crió la abuela Beatriz. Martha mi prima, me relata algo de la vida de su padre. Desde muy joven se fue a vivir al Brasil con la representación de la farmacéutica Abbot, donde vivió muchos años, posiblemente algunos años con su hija Teresa. Vino a México, se casó con Emilia del Olmo en 1931 y regresó con su nueva esposa el mismo día de su casamiento a Brasil, primero a Sao Paolo y luego a Río de Janeiro, donde nacieron sus hijos Martha, Mario y María Cristina.

      Su hija Teresa se casó en 1941 con Carlos Cardoso y tuvo una hija, Diana. Mario y su familia regresan a México en 1942 y el muere el año siguiente a la edad de 54 años. En Brasil el esposo de Teresa muere en 1945 y en 1946 se vuelve a casar con Clodio con quien tiene un hijo, Maxxio Creto. María Cristina, se casa con Armando del Olmo, pero ella muere de una embolia cerebral a los 25 años en 1963. Teresa, su media hermana, muere del corazón en Brasil a la edad de 44 años en 1966.

      Al tío Eugenio y a la tía Luz los recuerdo vagamente. Seguramente alguna vez asistieron a las comidas en casa de los García, pero no recuerdo haber ido a su casa. Ellos se casaron el 5 de mayo de 1925 y después que murió la abuela permanecieron en la casa de Tacubaya hasta 1935 cuando se cambiaron a la casa que construyeron en Tuxpan 6. Tampoco recordaba al primo Eugenio, que por cierto acabamos de hacer contacto con él y me dice que estuvo en México e inclusive hicimos un negocio en Mayo de 1951, pero se me había borrado de la memoria. Me dice que sus padres vivieron en Nueva York de 1949 a 1951, luego en Houston hasta 1953, en donde el tío tenía con su hermano Luis, un negocio llamado Paredes Lumber Company que además de vender madera, fabricaban casitas.

      Regresaron a Nueva York en 1954 y finalmente en 1955 se cambiaron a San Antonio,Texas. La tía Luz murió en la Ciudad de México en septiembre de 1955 cuando vino a visitar parientes y amigos. Fernando Cruz me cuenta que por lo que oía en su casa, Eugenio fue un gran luchador, en México tuvo una fábrica de muebles para niños en la calle de Tlacoquemecatl, luego una fábrica de algodón absorbente, también en la Colonia del Valle. Con esta fábrica tuvo problemas contra un competidor protegido por algún político y cuando hubo un accidente laboral, el político le hizo la vida imposible al grado de tener que cerrar la empresa. Luego tuvo o participó en un aserradero en Zitácuaro y estableció la fábrica de lavadoras Lava Matic. En San Antonio ya viudo, montó primero una fábrica de tortillas y acabó con una fonda. La tía Magdalena lo encontró enfermo y desmoralizado, se lo trajo a su casa y después de unos meses murió en 1961.

      Recuerdo bien al tío Cuauhtémoc y a tía Ida porque en varias ocasiones fuimos a visitarlos a su casa en Las Lomas. Entiendo que él era el director o gerente de Johnson & Johnson en México. En su casa conocí al primo Eddy, a quien no he vuelto a saber de él.

      A la tía Raquel y al tío José H. García los vi muchas veces en su casa en la calle del General León, en la colonia San Miguel Chapultepec. Con frecuencia íbamos a comer los domingos y yo era muy amigo de mi primo Manuel. Los García eran hacendados pulqueros de Apan, grandes productores e introductores de esta bebida al Distrito Federal y además tenían pulquerías propias. Los García eran los tíos ricos y de ellos solo recibí atenciones excepto el día que le escondí al tío su bigotera y no le cayó en gracia.

      Al tío Luis Paredes y a la tía Consuelo los traté bastante. Entiendo que desde que estaban en los Estados Unidos, el tío Luis se relacionó con la empresa Shell Oil y vino a trabajar con la compañía que tenía Shell en México en Coatzacoalcos, antes Puerto México. Luis se casó con Consuelo Damián en 1938 en Coatzacoalcos. Ambos eran divorciados. Consuelo tenía dos hijas, Ruth e Irma, que el tío Luis adoptó. Con la tía Consuelo tuvo dos hijas, Alicia y Consuelo. Con la expropiación petrolera en marzo de 1938, la Shell cerró operaciones en México y el tío Luis fue contratado por PEMEX, con quien trabajó muchos años.

      Cuando se cambiaron al Distrito Federal, fuimos a verlos en una casa que tenían en la Bahía de Morlaco 82 en la colonia Verónica Anzures. Luego se cambiaron a un departamento en la colonia Condesa y siendo estudiante de ingeniería en dos o tres ocasiones fui a visitarlos a recoger a la prima Ruth, para que me acompañara al famoso baile de Ingeniería en el Palacio de Minería y presumirla, pues era una joven muy bella.

      Después ya como hombre de negocios, traté al tío que era uno de los jefes de compras de PEMEX. Al salir de PEMEX puso una ferretería con el nombre de Polux en la calle de Bucareli. Aparentemente no le fue bien y se fueron a Houston en donde fundó la empresa Paredes Lumber Company en donde trabajó con Eugenio, su hermano. Los volví a ver en Los Ángeles, vivían en la calle Larga y el tío era gerente de ventas de Phoenix Furniture Comppany, una mueblería grande en donde tuvo mucho éxito con sus clientes chicanos. Cuando murió en 1968, fui con mi madre al funeral que duró tres días. En la agencia funeraria me confundían sus clientes que lo iban a despedir, con su hermano, porque dizque me parecía mucho. Lo acompañamos esos tres días durante el día, porque todas las noches tuvimos cena con los deudos y las muchas amistades que ellos tenían. Fue el primer viaje que hice con mi madre, ya de grande y lo pase muy bien, a pesar que obviamente no era un viaje de paseo.

      A la tía Magdalena y al tío Fernando Cruz también los vi muchas veces. Recuerdo vivamente su casa muy bonita sobre la Avenida de los Insurgentes. El tío Fernando era Doctor Cirujano y tenía su consultorio en la Avenida Revolución en Tacubaya y luego se cambió enfrente a una oficina en el Edificio Hipódromo.

      Al tío Eduardo y a la tía Guadalupe Shotte los traté mucho. Era el tío más joven y aunque era 15 años mayor que yo, había una cariñosa relación. El también trabajaba con Shell en Coatzacoalcos y se casó con Guadalupe Shotte de Frontera, Tabasco, en 1936. Recuerdo cuando vino del sureste, después de la expropiación, puso un negocio de venta de frutas y vegetales en la calle de Colima en la colonia Roma. Nunca lo olvidaré con su delantal blanco de recaudadero. Luego por años estuvo en el negocio de Automóviles Ingleses. Varias veces fuimos a su casa en la calle de Pedernal, a unas 4 cuadras de donde nosotros vivíamos.

      Sobre mis padres trataré de resumir lo más destacado de lo que pasó en sus vidas. Mi padre, Gabriel Saavedra Becerra, nació en un pueblito cerca de Buga, en el Valle del Cauca de Colombia en 1887. Tuvo dos hermanos mayores, Luis e Inés. Su madre murió durante una epidemia de fiebre amarilla, cuando era un bebé. Su padre se volvió a casar y lo crió una tía abuela. A la edad de 16 años decidió buscar otros derroteros, se embarcó en un carguero en el puerto de de Buenaventura y fue a dar a San Francisco, en los Estados Unidos. Logró conseguir un trabajo de linotipista en un periódico francés, dizque porque era similar al idioma que él hablaba.

      Pasó el terremoto e incendio de 1906 en San Francisco y probablemente en 1912 se trasladó a Chicago en donde logró un puesto en el departamento de exportación de Union Special, una compañía que fabrica máquinas de coser. En 1922 obtuvo la distribución de sus productos para México e instaló un centro de costura en un local alquilado en la esquina que hacía Puente de Alvarado con Humboldt. Ahí, a principios de 1924 llegó Matilde Paredes a aprender a coser en máquina y conoció al dueño del negocio. Seguramente se enamoraron rápidamente porque se casaron en septiembre del mismo año.

      Primero vivieron en una privada en la calle de Martí en Tacubaya, donde nací, luego en un departamento en la calle de Humbolt y un par de años después, acercándose a Tacubaya vivimos primero en la calle de Acapulco y luego en Juan Escutia, en la colonia Condesa. Mi hermano Gabriel nació en enero de 1929 y en 1931 nos cambiamos al Edificio Isabel, en la esquina de Revolución y Martí, a escasos 50 metros de donde yo había nacido.

      Probablemente el negocio de máquinas de coser no funcionó como mi padre hubiera querido y se asoció con Jorge Tarditti en una compañía de representaciones extranjeras que estaba en Ayuntamiento, cerca de Bucareli. Recuerdo que ahí trabajaba mi prima Rosa de la Serna. En 1938 mi padre le vendió su parte al socio y en diciembre nos fuimos en coche a Chicago, acompañados por mi primo Antonio García Paredes que iba a traer un Studebaker nuevo para su familia, que le iban a entregar en la fábrica de South Bend, Indiana, cerca de Chicago.

      Cerca del pueblo de Pearsall, antes de San Antonio, en Texas, nos volcamos, pero salimos bien librados, con solo algunos golpes y cortadas. El coche se quedó en un taller y seguimos el viaje en tren. De Chicago fuimos a Nueva York antes de la Navidad, donde nos quedamos mi hermano y yo solos con mi madre 9 meses, en una casita amable que rentaron en Forest Hills, un suburbio de Queens. Mi hermano y yo fuimos a la escuela pública de la colonia y mi padre volvió a México para regresar hasta septiembre de 1939 con el coche arreglado y en octubre nos embarcamos, con coche y todo, en el vapor Santa Rita de la Grace Line al puerto de Buenaventura en Colombia, de donde mi padre había salido 36 años antes.

      En Colombia mi padre estableció un negocio con representaciones de primera y permanecimos en Bogotá 3 años. Mi madre extrañaba su país y a sus gentes y después de su primera operación de cáncer, decidieron regresar a México. Mi padre vendió el negocio a uno de sus empleados, Guillermo Quintero, joven muy capaz, que supo aprovecharse de la mina que había comprado y que a través de los años le dejó muchos dólares. Le pagó a mi padre con un porcentaje de las comisiones durante varios años. Regresamos a México en diciembre de 1942, yo entré a la Universidad a estudiar Ingeniería Petrolera y mi hermano Gabriel hizo la carrera de Ingeniería Química. Mi padre estableció otro negocio de representaciones, pero ni poniéndole G. Saavedra e Hijos, consiguió buenas representaciones y vivimos por años con las comisiones que recibía de Colombia.

      Para esto, mi padre era un autodidacta. Había leído mucho y tenía buena memoria. Era un excelente conversador y cuando charlaba por ejemplo sobre Europa antes de haberla visitado, aparentemente sabía más que algunos que habían ido varias veces. Hicieron una bonita pareja. Mi madre era instruida y tenía el don de escribir. Muchas de sus cartas y las reseñas de sus viajes son extraordinarias y muy amenas. En 1949 mi padre decidió probar otro negocio y fuimos los cuatro a Los Ángeles con la idea de establecer un negocio de exportaciones y obtener la representación de empresas en los Estados Unidos que no tenían experiencia en exportar. No lo logró y decidimos que yo participaría en su negocio en México, para lo cual conseguimos algunas representaciones que requerían algo de ingeniería y las ventas mejoraron. Por la diferencia en edades, en 1950 y con 63 años, la preocupación de mi padre era dejar un ingreso seguro a mi madre. En 1950 participé en la construcción de un edificio de departamentos en la colonia Nápoles, que puso a su nombre.

      En 1958 me asocié con una empresa inglesa y montamos una fábrica de cable de acero en México y aunque mi padre no participó en la fábrica, el era el principal distribuidor. Probablemente en 1964 y ya cansado con 77 años, le vendió su empresa distribuidora a la fábrica y fue la primera vez que tuvo algún dinero junto. Construyeron la casa de Cuernavaca y fueron a Europa varias veces. Mi padre murió en 1976 a la edad de 89 años por complicaciones de un cáncer de próstata. Mi madre tuvo otras dos operaciones serias de cáncer en México y a pesar de este estigma, fue la que vivió más de todos sus hermanos y la última en morir. Murió en 1991 por insuficiencia pulmonar, seguramente por el endurecimiento de los bronquios causado quizás por una sobredosis de radiación que le dieron cuando joven, también a la edad de 89 años.

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      Cierro este relato invitando a mis primos me envíen más datos y fotos para ampliar la información sobre sus padres. Además, me dio gusto iniciar el directorio familiar en el Portal de Internet, www.losparedes.com. Fuimos 40 primos, de los cuales 6 murieron jóvenes. Sin poder confirmarlo, creo que hoy, en mayo del 2004, vivimos 18 primos hermanos, pero por el lado de los hijos y sobrinos, creo no lo hemos hecho mal, pues según mis cuentas son mas de 100, sin contar uno que otro que quizás no entró en mi suma.

Mayo del 2004


Gustavo Saavedra Paredes

 

Los hermanos Paredes Eguiluz en 1935


Arriba : Avelina, Esther, Eugenio, Cuauhtémoc y Raquel
Abajo: Eduardo, Magdalena,. Luis y Matilde

 

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