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Los Paredes Eguiluz de Tacubaya
Introducción
Los
datos, fotos y muchas anécdotas sobre nuestros antepasados
se los debemos principalmente al espíritu de coleccionista
y al enorme cariño a la familia que tiene mi primo
hermano Fernando Cruz Paredes. Para esta primera presentación,
he recibido datos y comentarios de los primos Martha Paredes
de Navarro, Alicia Paredes de Scribner, Eugenio Paredes
Olache, Eduardo y Guadalupe Paredes Shotte y Sol Ondorica
de Mendoza. El objetivo es hacer un trabajo, lo más
completo posible con la participación de primos y
sobrinos. Para lograr esto, repartí 20 copias de
esta primera edición, para que se lea y se enriquezca
con las correcciones y aportaciones que me envíen
y preparar un documento con la historia lo más completa
posible de nuestros padres y abuelos.
Por el lado de nuestro
abuelo, podemos remontarnos a fines del siglo XVIII, cuando
nació nuestro tatarabuelo, Antonio Paredes probablemente
alrededor de 1795 quien tuvo dos hijos, Eduardo María,
nuestro bisabuelo nacido en 1823 y Eugenio, nacido el año
siguiente. Ambos murieron de 62 años.
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El
bisabuelo casó con Ignacia Castellanos y tuvieron
8 hijos, Eduardo Juan, nuestro abuelo, nacido en 1863
y sus hermanos menores Genaro, Enrique, Ignacio, Arturo,
Cristina, Ángela y María del Carmen.
No conocí al abuelo, pero si a Genaro, su hermano,
en la casa de los primos García Paredes. Lo
recuerdo bien, un hombre fornido con un gran bigote
blanco. Mi abuelo murió en 1921, pero Genaro
vivió probablemente hasta después de1940.
Por
el lado de los antepasados de nuestra abuela, desconocemos
los padres de nuestra bisabuela, la mamá Vicentita,
pero definitivamente no compartimos la sangre azul
de Maximiliano, como algunos hemos deseado creer y
que fue engendrada por un desliz que supuestamente
tuvo el Emperador con una cortesana, simplemente porque
nuestra bisabuela nació años antes que
Maximiliano llegara a México. Pero por otro
lado la historia nos cuenta que Maximiliano no era
una persona con muchas virtudes, así que quizás
nos salvamos de cargar con esa herencia.
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Antonio Paredes |
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Por
la pintura que conservamos de Vicenta Villanueva, de niña,
en un lugar destacado en la sala de la casa de Cuernavaca,
que es copia del original que conserva Fernando, se trata
de una jovencita muy blanca y distinguida, por lo que se
antoja echar a volar la imaginación y trasportamos
al México de hace 150 años, en 1853 y con
los datos e información que tenemos, desarrollar
una historia de lo que pudo haber pasado y luego narrar
lo que conocemos sobre la vida y milagros de nuestros abuelos,
en un México convulsionado, salpicando el relato
con un poco de historia y cerrando con algo de la vida de
sus hijos y un directorio de sus nietos y bisnietos.
Gustavo Saavedra Paredes
Abril de 1853
Después de la
guerra con los Estados Unidos, el país estaba en
crisis. La autoridad del gobierno centralista se limitaba
a la Ciudad de México, los estados amenazaban con
separarse de la federación, como sucedió con
Tejas. Con el pago de deuda externa, el desorden hacendario,
el pesado aparato burocrático y los despilfarros
de Santa Anna, se esfumaron los 15 millones de dólares
que pagaron los americanos ese año, por los 76,750
km2 de los llamados Territorios de Mesilla entre la ciudad
de El Paso y el río Colorado, que hace frontera con
California.
Entre
1848 y 1853 se sucedieron 8 presidentes de la República,
todos nombrados por el Congreso. El 20 de abril de 1853
Manuel María Lombardini entregó el poder a
Antonio López de Santa Anna quien decretó
administrar el país sin congreso y sin elecciones
e inició una dictadura militar. Todos los puestos
claves, incluyendo los gobernadores de los estados, quedaron
en manos de militares.
José
María Eguiluz y Lanciego era un ranchero rico que
vivía en su casa en Tacubaya con un hijo. Tacubaya
era un pueblo a unos 10 kilómetros de la Ciudad de
México, en donde tenían casa varios caballeros
de la crema de la sociedad. Los de Teresa, los Escandón,
los Dublán y muchos otros que vivían alejados
de la gran ciudad en verdaderas mansiones. La casa de Chema
Eguiluz era una buena casa sobre la avenida Primavera, muy
amplia y arbolada. En ese año la población
de la Ciudad de México y sus pueblos vecinos no llegaba
a los 300,000 habitantes.
Sin
anunciarse, cerca de las 6 de la tarde llegó a la
casa de Chema Eguiluz, su amigo Rogelio Escandón,
con quien tenía una amistad de muchos años
y habían recorrido muchos mundos juntos. –“Vengo
a pedirle un gran favor a mi amigo de toda la vida”-
Le dijo Rogelio al entrar a la sala de su casa. “Después
de mucho pensarlo, he decidido irme a París una temporada,
hasta que Santa Anna, sea muerto o derrocado. Tú
sabes los problemas que he tenido con él y ahora
que lo acaban de colocar como monarca todopoderoso, es cuestión
de días que me mande apresar. Nunca me perdonará
que lo critiqué y estuve en contra de todas sus tonterías
que nos han costado tanto”. – “Me voy
con la familia mañana temprano a Veracruz y a pesar
de la demanda por tanta gente que quiere salir del país,
ya conseguí camarotes en el barco que zarpa pasado
mañana por la tarde a Marsella, vía Nueva
York”.
-Comprendo
tu preocupación y tu decisión, pero ¿en
que puedo ayudarte, cuando tienes gente muy capaz que manejan
tus negocios y propiedades?-¡Bueno!... ¿Recuerdas
a Danielle Montigny, a quien vimos juntos hace un año
en el Teatro Principal? -¡Claro, cómo podría
olvidarla!- “Pues bien, debes saber que he tenido
un lindo romance con ella y la convencí se quedara
en México, pero está embarazada y a punto
de dar a luz. Me duele inmensamente dejarla y mas en estas
condiciones, pero no tengo alternativa. Quisiera pedirte
te encargues de ella y la ayudes en todo lo que fuera necesario.
Te agradecería le entregues esta carta en donde le
explico la necesidad de irme, también le digo que
tú, mi mejor amigo, le vas a dar todo el apoyo que
necesite hasta que esté en condiciones de alcanzarme
en Francia. En el sobre he anotado la dirección de
su casa en la calle de Niza y te entrego este cheque que
debe cubrir ampliamente todos los gastos que tengas que
hacer de doctores y sanatorio e incluyendo su pasaje a Francia”.
Al
día siguiente fue Chema Eguiluz a cumplir el favor
que le pidió su amigo. Encontró a Danielle,
tan bella como la recordaba, pero sufriendo su embarazo.
El doctor le había recomendado no se levantara de
la cama al menos que fuera absolutamente necesario y además
sufría jaquecas permanentes. Se veía demacrada
y preocupada. Le rodaron las lágrimas al leer la
carta y en un español afrancesado agradeció
a Chema su ayuda. Fue a ver al doctor Escontría,
que tenía su consultorio cerca, quien le manifestó
preocupación por la salud de Danielle y comentó
que esperaba el parto antes de quince días. Exactamente
a la semana de la visita, un enviado del doctor, le entregó
una carta con la noticia que Danielle había muerto
en el hospital de un derrame cerebral, después del
parto, pero que la niña estaba bien y solo esperaba
sus instrucciones.
Pasó
la noche pensando como cumplir debidamente el encargo de
su amigo, que apenas estaría cruzando el Atlántico.
¿Qué hacer con la hija de su amigo? Por la
mañana llamó a Brígido Villanueva,
su contador, que estaba recién casado y le propuso
a cambio de una renta mensual, que adoptara y educara a
la niña. La situación económica era
apretada y este ingreso les ayudaría considerablemente.
Marciana Aguado, su esposa, aceptó de buena gana
y los tres fueron al sanatorio. Chema Eguiluz hizo los arreglos
del funeral de Danielle y entregó la niña
a los Villanueva, quienes al día siguiente la llevaron
a bautizar como hija suya, con el nombre de Vicenta, nombre
de la madre de Marciana. Chema Eguiluz les permitió
usaran la parte del fondo de su casa, que en realidad, era
una casita independiente, con salida a la calle lateral.
Quince años – 1854 a 1869
Pasaron
los meses y casi un año después, se presentó
la oportunidad de enviar con un propio una carta a su amigo
Escandón a París para ser entregada personalmente.
En la carta le contó la muerte de Danielle y el arreglo
que había hecho con los Villanueva. Le comentó
que veía a la chiquilla de vez en cuando y que estaba
muy feliz con sus padres adoptivos, quienes la trataban
como su propia hija. Respetando el derecho de la paternidad
le pidió instrucciones para cumplir el deseo que
tuviera sobre la criatura. Casi dos meses después
recibió por el mismo conducto, esta contestación:
-Estimado
José María: Ante todo, mil gracias por haberme
ayudado con este problema que solo era mío. Lamento
la muerte de Danielle pues nos tuvimos un cariño
amable y profundo. Ella ya sufría jaquecas, desde
que la conocí. Respecto a la niña, creo que
sería un disparate cambiar los arreglos que has hecho,
que me parecen excelentes. Alguna vez conocí a Brígido
y me pareció un joven inteligente y capaz. Mi única
preocupación es que no le falte nada y que tenga
la mejor educación posible. Estoy dando instrucciones
a mi oficina para que te entreguen el dinero que consideres
adecuado y con la periodicidad que te convenga, para que
en ningún momento sea la chiquilla una carga para
los Villanueva y obviamente tampoco para ti.-
-Por
favor preséntate con Quiñones en mi oficina,
quien espera le digas lo que necesitas. También me
parece absurdo hacerle saber a la niña el nombre
de sus padres verdaderos. Guardemos entre nosotros este
secreto para siempre. Por nuestro lado, extraño mi
México, pero aquí estamos bien y ya nos acostumbramos
a la vida en París. Los hijos en sus escuelas y hemos
hecho buenas amistades con algunos franceses y con otros
mexicanos que están en situación similar a
la nuestra. Otra vez agradezco tu ayuda y espero vernos
pronto para darte un apretado abrazo ¡Has sido un
verdadero amigo y estaré en deuda contigo, ¡para
siempre! Rogelio Escandón –
José
María Eguiluz y Lanciego o Chema de cariño,
nació en 1810 y había heredado un pequeño
rancho cerca de Tacubaya, pero gracias a su trabajo y dedicación
lo había multiplicado. Sembraba maíz y avena,
pero con la cercanía de la Ciudad de México,
su negocio más redituable era la hortaliza. También
tenía una propiedad cerca de Apan en Hidalgo, con
una buena producción de pulque. Era un individuo
inteligente e instruido. Casado tarde con María Argüelles,
una mujer de Santander, con quien tuvo dos hijos. Ella,
en un viaje a España hacía ya algunos años
tuvo un accidente mortal y la hija casada vivía en
Puebla.
La
casa de Chema sobre la Avenida Primavera era de buen tamaño,
con la distribución popular en esos años,
estudio, sala, recámaras, baño grande, una
tras otra con puerta a un gran corredor techado que daba
a un jardín con fuente al centro. El comedor junto
a la cocina y al fondo, la casita de los Villanueva, las
habitaciones de la servidumbre y la caballeriza. La casa
tenía un gran portón para las carretas de
caballos que daba a la avenida y un postigo en una de las
hojas, para los de a pie. En esos tiempos el transporte
era a caballo o con carreta. En la Ciudad de México
había trenes de mulitas, pero no llegaban a Tacubaya.
Había un tren de San Lázaro a Tacubaya, pero
el servicio era infrecuente. Una desviación llegaba
hasta el Panteón de Dolores, pero esta solo transportaba
muertos, que en esos tiempos abundaban.
La
situación en México en 1854 y por los siguientes
15 años fue caótica. En marzo de 1854 los
federalistas opositores de Santa Anna, encabezados por Florencio
Villarreal e Ignacio Comonfort proclamaron el Plan de Ayutla,
desconociendo a Santa Anna y a sus militares. El ejército
revolucionario nombra a Juan Álvarez como presidente
y éste se rodea de jóvenes valiosos como Melchor
Ocampo, Ponciano Arriaga, Benito Juárez y Santos
Degollado. Agobiado por la edad y lo difícil de la
situación, que requería energía y vitalidad
que Álvarez ya no tenía, coincidiendo con
la rendición de Santa Anna que sale del país
a fines de 1855, Álvarez renuncia a su cargo y deja
la presidencia a Ignacio Comonfort, quedando él como
interino.
Comonfort
gobernó de diciembre de 1855 a noviembre de 1857
y aunque hizo mucho durante su gobierno, incluyendo el inicio
del ferrocarril a Veracruz, el alumbrado de gas en la Ciudad
de México, la Biblioteca Nacional, la Escuela de
Agricultura, la de Comercio y Corredores, la de Artes y
Oficios y hasta la Dirección de Pesas y Medidas adoptando
el Sistema Métrico Decimal, era una persona que no
pudo contra la presión de sus oponentes ni tampoco
defender y hacer cumplir la Constitución promulgada
el 5 de febrero de 1857. En diciembre de 1857, anunciándose
con cañonazos, entra a la Ciudad de México,
Brígido Zuloaga, general de Benito Juárez,
empezando así la Guerra de Reforma que duró
tres años.
Al
gobierno de Juárez lo apoyó Estados Unidos
y en 1860, los ejércitos juaristas habían
triunfado. Entre tanto, Benito Juárez como presidente
provisional entre 1858 y 1861, emitió en 1859 las
Leyes de Reforma decretando la nacionalización de
los bienes de la Iglesia, la ley del matrimonio civil, la
separación de Iglesia y Estado, la ley del registro
civil y la libertad religiosa.
Elegido
presidente en 1861, Juárez trató de poner
orden. Por falta de recursos, suspendió el pago de
intereses de la deuda extranjera adquirida por los gobiernos
anteriores. Molestos con su decreto, Francia, Gran Bretaña
y España decidieron intervenir conjuntamente para
la protección de sus intereses en México.
El primero en actuar fue Napoleón III de Francia.
Una expedición conjunta ocupó Veracruz en
1861, pero cuando las ambiciones colonizadoras de Napoleón
se hicieron evidentes, los británicos y españoles
se retiraron en 1862. Durante un año las tropas francesas
se abrieron camino desde la costa y finalmente entraron
en la capital en junio de 1863. Juárez y su gabinete
huyeron, mientras que un gobierno conservador provisional,
apoyado por los sectores monárquicos del país,
proclamó el Imperio Mexicano y ofreció la
corona, a instancias de Napoleón III, a Maximiliano,
archiduque de Austria, hermano del emperador Francisco José.
De
1864 a 1867 Maximiliano I y su esposa Carlota gobernaron
el Imperio, pero en 1867, bajo la presión de Estados
Unidos, que seguía reconociendo a Juárez,
Francia retiró sus tropas. Las fuerzas de Juárez
recobraron el país y las tropas republicanas, bajo
el mando del general Porfirio Díaz, ocuparon la ciudad
de México. Maximiliano I, sitiado en Querétaro,
fue obligado a rendirse y después de un consejo de
guerra, fue fusilado en el Cerro de las Campanas el 19 de
junio de 1867.
La
vida en la Ciudad de México era de sobresaltos y
de poca seguridad. Las carretas que viajaban entre la Ciudad
de México y el pueblo de Tacubaya eran asaltadas
con frecuencia. Se estableció el sistema de escoltas
con uno o dos jinetes bien armados que viajaban con las
carretas, sobretodo cuando viajaba gente pudiente. Se vivía
sin haber sido establecido, un toque de queda, poca gente
se atrevía a salir de noche. La vida se concentraba
dentro de las casas y las fiestas o tertulias no eran frecuentes.
La
familia de Chema Eguiluz y por consecuencia la de los Villanueva
era muy encerrada. Chema iba a su rancho acompañado
con uno o dos de sus ayudantes y al mercado de Cartagena
iban los criados. Corría el año de 1863 y
su hijo Carlos vivía muy a disgusto en Tacubaya.
Carlos había cumplido 16 años y por el desorden
del país, no había tenido una educación
con la disciplina necesaria y no solo había perdido
el interés de estudiar sino tampoco le interesaba
ayudar o participar en los negocios de su padre. La familia
de su madre era de Santander y Carlos soñaba con
volver a vivir con sus parientes españoles, así
que con el pretexto de que a Carlos si le interesaba estudiar
en España, lo llevó a tomar la carreta a Veracruz
y se despidió de su hijo, alejándolo de los
problemas en México y con la promesa de ir a buscarlo
cuando la situación en México se mejorara.
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Al
cumplir los 10 años Vicentita hizo su primera
comunión en la capilla de la casa de unos vecinos.
Ella ambulaba por toda la casa y gustaba pasar largos
ratos en el estudio, de dizque su padrino. Chema le
tenía mucha paciencia y le leía y le
enseñaba todo lo que la chiquilla quería
saber. Cuando no podía ir a la escuela, Chema
arreglaba que la profesora viniera a la casa a dar
clases a ella y otras amiguitas de la misma edad que
vivían cerca. La gracia e inteligencia de Vicentita
lo tenía cautivado.
Paralela
a esta historia, también en Tacubaya y precisamente
en 1863 nace nuestro abuelo Eduardo Juan Paredes Castellanos.
Sus padres el Teniente Coronel Eduardo María
Paredes e Ignacia Castellanos. No sabemos detalles
de su infancia, tuvo 4 hermanos y 3 hermanas e ingresa
al Colegio Militar el 25 de mayo de 1878. Por sus
buenas calificaciones es ascendido a Subteniente de
Artillería en 1881 y al terminar sus estudios
en diciembre en 1884, sale con el grado de Teniente.
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Vicenta Villanueva Aguado a los
13 años |
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En
1869 Chema Eguiluz, ya con 59 años, toma la decisión
de casarse con su protegida Vicentita que acababa de cumplir
15 años. La combinación de muchos factores,
el encerramiento, su soledad y el enorme cariño y
admiración que desarrolló la joven por su
maestro y protector, da lógica a esta unión.
Tuvieron 4 hijos, Beatriz, nuestra abuela y sus hermanos,
Aurora, Luis y Luz. A partir del nacimiento de nuestra abuela
en 1870, Marciana o la Nanita, debido a la corta edad de
su hija adoptiva, ocupa un puesto importante prácticamente
manejando por muchos años la casa del matrimonio
Eguiluz y es ama de llaves y nana de los hijos de Chema
quien probablemente murió alrededor de 1886.
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| José María Eguiluz
y Lanciego 1875 |
Vicenta Villanueva de Eguiluz
1875 |
Fin del Siglo XIX y Porfirio Díaz
Nuevamente
Juárez intentó restablecer orden, pero había
muchos sectores que se oponían a su gobierno y a
sus creencias liberales. En 1871, después de una
dudosa elección, el Congreso lo reeligió como
presidente y Porfirio Díaz que era uno de los candidatos
derrotados, inició una afrenta militar y encabezó
una insurrección sin éxito. Benito Juárez
murió en 1872 y fue sucedido por Sebastián
Lerdo de Tejada, presidente de la Suprema Corte. En 1876,
cuando Lerdo de Tejada buscaba la reelección, Díaz
encabezó otra rebelión que si tuvo éxito
y fue elegido presidente.
Porfirio
Díaz gobernó a México como un autócrata
desde 1876 hasta 1911, exceptuando el periodo de diciembre
de 1880 a diciembre de1884, cuando nominalmente el poder
estuvo en manos del General Manuel González, uno
de sus colaboradores, que ganó la votación
a la presidencia en julio de 1880. Bajo este periodo de
35 años, conocido como el porfiriato, se dieron importantes
avances en el desarrollo económico y comercial, incluyendo
nuevas plantas industriales, extensión de las vías
de ferrocarril, obras públicas, mejoramiento de puertos,
construcción de edificios públicos y hasta
el tren eléctrico a Tacubaya, inaugurado en 1900.
Muchas de las nuevas empresas fueron financiadas y manejadas
por extranjeros, con concesiones al capital francés,
estadounidense e inglés y acapararon casi la totalidad
de la minería, el petróleo y los ferrocarriles,
sin permitir que muchos mexicanos ocuparan puestos de responsabilidad.
Esto contribuyó al descontento de las clases desfavorecidas
que, ahogadas en deudas, soportaban malos tratos, despidos
injustificados, largas jornadas de trabajo y explotación.
Además,
Porfirio Díaz favoreció a los ricos terratenientes,
incrementando sus propiedades asignándoles terrenos
comunales que pertenecían a los indígenas
obligándolos como única alternativa a trabajar
como peones en los latifundios. El dictador desatendió
la educación del pueblo y apoyó a la Iglesia.
El descontento y el espíritu de rebelión se
extendieron por todo el país, con brotes que fueron
reprimidos violentamente, como los de los indígenas
yaquis y mayos, despojados de sus tierras y las huelgas
de 1906 y 1907 de los obreros de Río Blanco y Cananea.
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En
1908, por el descontento que había por su actuación,
Díaz pidió se nombrara algún
candidato opositor para las elecciones de 1910, a
fin de demostrar su respeto por la democracia. El
candidato propuesto por el grupo liberal fue Francisco
Ignacio Madero, pero perdió en la votación.
A pesar de la reelección de Díaz, Madero
fue reconocido, por sus ideas, como el líder
de la revolución y su influencia aumentó
a pesar de que estuvo un tiempo encarcelado. Otra
vez por el descontento popular, Porfirio Díaz
renunció en 1911 e inmediatamente después
abandonó México, para nunca volver.
Casi
coincidente con los 35 años del porfiriato,
nace y crece la familia de los Paredes Eguiluz. En
1887 el Teniente Eduardo Juan Paredes Castellanos
se casa con Beatriz Eguiluz Villanueva, él
de 24 y ella de apenas 17 años. Como su suegro
José María Eguiluz y Lanciego había
muerto un año antes, mamá Vicentita,
entonces de 34 años entregó a su hija.
No sabemos detalles de su boda, ni quienes asistieron,
pero podemos imaginarnos que deben haber estado presentes
los hermanos de la abuela, los hermanos del abuelo
y quizás algunos tíos y amigos.
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Brigido y Marciana Villanueva
con Vicentita |
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De
los hermanos menores del abuelo, sabemos que Genaro casó
con Esther Pérez de León, Cristina con José
Guillaumin, Ángela con un tal de apellido Arreyuve
y María del Carmen, con un señor Sánchez.
No sabemos nada de Enrique, Ignacio y Arturo. Por el lado
de la abuela tenemos más información. Su hermana
Aurora Eguiluz se casó con Luis Esparza y tuvieron
5 hijos, Irene, Inés, Leopoldo, Alfonso y Luis. Su
hermano Luis se casó con Asunción Arredondo,
que se hizo una partera famosa en San Luis Potosí
y curiosamente no tuvo hijos; su hermana Luz se casó
con el subteniente José Olache y tuvieron 10 hijos,
Catalina, Beatriz, Eduardo, Avelina, Esther, Columba, Luz
Victorina, Francisco, Ángel y José, todos
Olache Eguiluz.
Regresando
al abuelo, en 1890 lo ascienden a Capitán del 2°
batallón de Artillería, en 1891 lo distinguen
para estudiar Estereotomía (corte de piedras y maderas),
Arquitectura y Dibujo en el Colegio Militar y creo recordar
que también estuvo algún tiempo en Francia
en la Sorbona estudiando alguna especialidad de Artillería.
Fue comisionado para muchos peritajes de balística
incluyendo calidad de cañones y como sinodal de maniobras
de artillería. Probablemente a partir de 1902 vivía
con su familia en una casa dentro del Bosque de Chapultepec,
cerca del Lago Principal y en 1913 fue ascendido a General
Brigadier bajo las órdenes del General de División
Manuel Mondragón.
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General Brigadier Eduardo Paredes |
Beatriz Eguiluz de Paredes |
Nuestros
abuelos tuvieron 12 hijos, en orden cronológico,
Avelina, Esther, Mario, Eugenio, Cuauhtémoc, Raquel,
Francisco Alejandro, Matilde, Luis, Magdalena, Eduardo y
Lucrecia. Francisco Alejandro nació en 1898 y murió
en 1902. Lucrecia nació en 1913 y solo vivió
un día.
La Revolución
Madero
fue elegido presidente en 1911, pero no pudo detener la
presión política y militar y mucho menos resolver
los problemas económicos de la población.
Otros líderes rebeldes, particularmente Emiliano
Zapata y Francisco Villa, se negaron a someterse a la autoridad
presidencial y el embajador de Estados Unidos, Henry Lane
Wilson, le retiró su apoyo al percibir que no lo
podría controlar y optó por respaldar a sus
opositores. Victoriano Huerta, jefe del ejército
de Madero, conspiró con los líderes rebeldes
y en 1913 se apoderó del control de la capital, asumió
la posición de dictador y cuatro días después
Madero fue asesinado.
La Revolución
en México fue provocada por el creciente descontento
de las clases desprotegidas, que era la mayor parte de la
población. En las fábricas y en el campo los
trabajadores y los labradores eran explotados y con el crecimiento
de la población, el problema crecía y cada
día la gente estaba peor. La prolongación
del sistema colonial creo una burbuja que explotó,
pero como también había mucho interés
de los personajes en juego en obtener poder, hubo en muy
corto tiempo una permuta de riqueza y no una repartición
razonada al pobre como era el espíritu y la intención
del movimiento revolucionario.
Dentro
de este ambiente muy difícil, la tropa y quizás
los militares de rango medio simplemente cambiaban de jefe,
pero los de alto rango que representaban un reto y amenaza
al usurpador fueron perseguidos y este era el caso del abuelo.
Eduardo Paredes que fue leal a Porfirio Díaz y a
Madero, no aceptaba ideológicamente el cambio. El
general Felipe Ángeles, a quien le merecía
respeto, ya pensaba en unirse a Villa. Para esto, Eugenio
su hijo, ya de 21 años, consiguió un trabajo
en la oficina secreta que Villa tenía en la Ciudad
de México y por su conducto recibió la invitación
de Villa de unirse contra Huerta y aprovechar su experiencia
como artillero. Probablemente estuvo casi un año
en las huestes de Villa, pero como no podía aceptar
la forma de ser del Centauro del Norte, decidió renunciar
y como tampoco podía regresar al ejército
tuvo que huir a Veracruz y de ahí llegó a
Nueva York con escala en La Habana y Nueva Orleans. Me puedo
imaginar el problema de la abuela Beatriz que toma la decisión
de salir del país con toda su familia, para evitar
problemas quizás hasta represalias y reunirse con
su “Juan”.
Para
1914 ya habían nacido todos sus hijos. Esther de
24 años estaba ya casada con Miguel Ordorica. El
era militar de la federación pero perseguido por
Victoriano Huerta probablemente por amenazas contra el y
su familia, se habían ido a radicar al pueblo de
New Brunswick en Nueva Jersey, cerca de Nueva York, en donde
quizás vivían algunas amistades. Avelina,
la mayor de 25 años se había casado con Julio
de la Serna, también militar, al recibir su licencia
se fue con su familia a los Estados Unidos para luego regresar
a su casa en Manuel Dublán en Tacubaya.
New Brunswick
En
1916, la Abuela Beatriz de 46 años y con 8 hijos,
Mario de 26 con su esposa Esther Rojo, Eugenio de 23, Cuauhtémoc
de 22, Raquel de 20, Matilde de 13, Luis de 9, Magdalena
de 7 y Eduardo de 5, tomaron el tren a Laredo, acompañados
con la Nanita y de ahí hasta Nueva York y luego a
New Brunswick en donde ya vivía su hija Esther y
para reunirse con su marido. Para esto y considerando el
costo del viaje y una larga estancia en los Estados Unidos,
la abuela vendió sus muebles e hipotecó la
casa. Ya me puedo imaginar este viaje en tren a Laredo,
con los hijos, cruzando pueblos y ciudades con problemas,
amenaza de asaltos y con el país en ebullición
totalmente fuera de control. En realidad fue una verdadera
suerte que hubieran podido cruzar la frontera bajo condiciones
tan adversas.
Me
imagino que llegaron a New Brunswick cruzando la Unión
Americana vía San Antonio, Nueva Orleáns,
Atlanta, Charlotte, Richmond, Washington y Nueva York. New
Brunswick es una población situada entre Nueva York
y Filadelfia. Ignoro cuanto pudo tardar ese viaje, pero
quiero adivinar que con las demoras, paradas, aduanas, migración
y cambios de trenes, deben haber hecho más de 10
días. Como había habido comunicación
previa por telégrafo con Esther y Miguel Ordorica,
deben haber llegado a una casa que había rentado
la hija para su madre y hermanos. El abuelo triste y frustrado
vivía arriba en la boardilla.
Para un militar como
el abuelo, debe haber sido muy doloroso el exilio, la falta
de un trabajo, la aburrición, quizás sin hablar
el idioma ni ganas de aprenderlo, se sentía mal,
decidió regresar a México y dejar de ser una
carga para su familia. Con el pretexto de buscar un empleo
u obtener su subvención, tomó el barco Esperanza
de Nueva York a Veracruz en septiembre de 1920. Como la
Constitución de 1917 prohibía el reingreso
al ejército de aquellos militares que habían
traicionado la causa constitucionalista, quizás fue
la gota que derramó el vaso. El 5 de enero de 1921
le avisaron a la abuela que su marido estaba grave, por
lo que inmediatamente tomó el tren y llegó
a la Ciudad de México el 11 de enero, para encontrar
a su querido Juan agonizante. Después de 20 días
de cuidados, el general Eduardo Juan Paredes Castellanos
murió el 1° de febrero de 1921 de 57 años
en la casa de su concuño, José Olache. Eugenio
que estaba en Chile, regresó a tiempo para recibir
su bendición y regresaron los dos a Nueva York en
abril.
Para esto, el 1°
de mayo de 1917 el Jefe del Ejército, Venustiano
Carranza es nombrado Presidente de México pero no
logra establecer la paz que el país anhelaba. Hay
guerrillas y enemigos por todos lados. Francisco Villa sigue
siendo un gran dolor de cabeza. Después del asalto
a un tren con la muerte de 15 americanos y la incursión
a Columbus, Nuevo México, en donde saqueó
e incendió el pueblo, los Estados Unidos enviaron
al general Pershing con cuatro columnas a buscar a Villa.
Era la Expedición Punitiva, pero nunca dieron con
él. Carranza envía a su Ministro de Guerra,
que era nada menos que Álvaro Obregón, a negociar
el retiro de las tropas yanquis con el general Scott.
En
1920 los hechos negativos contra Venustiano Carranza se
sucedieron rápidamente. El 8 de abril se publica
un manifiesto de Diputados y Senadores rechazando la decisión
del ejecutivo de nombrar gobernadores y preparar su sucesión
a favor del Ing. Bonilla. El 23 del mismo mes, Plutarco
Elías Calles publica el Plan de Agua Prieta, desconociendo
al ejecutivo y pidiendo su renuncia. El 7 de mayo Carranza
huye de la capital y al no poder llegar a Veracruz, se oculta
en la Sierra de Puebla donde el 20 de mayo es asesinado
en Tlaxcalantongo. El 24 de mayo se nombra como presidente
interino a Adolfo de la Huerta, para terminar el período
presidencial y convocar elecciones. En julio obtiene la
rendición de Francisco Villa a cambio del regalo
de la hacienda El Canutillo y entrega el poder el 30 de
noviembre, al general Álvaro Obregón, para
el período 1920 a 1924.
No
tengo mucha información sobre la vida de la familia
Paredes Eguiluz en los Estados Unidos. Por lo que me relataba
mi madre, vivieron a gusto en New Brunswick, aunque debió
ser difícil para los hijos mayores, Mario, Eugenio
y Cuauhtémoc que tuvieron que trabajar en un país
extraño. Los hijos menores, Matilde, Luis, Magdalena
y Eduardo fueron a la escuela. Me contaba mi madre que cuando
regresaron a México en 1923, hablaba más inglés
que español. Los mayores pronto se relacionaron con
las farmaucéticas Johnson & Johnson y Abbot.
José H. García fue en 1916 a New Brunswick
a casarse con Raquel. En 1918 nace Teresa, la hija de Mario
y en 1919 muere su madre, Esther Rojo, la primera esposa
de Mario. Cuauhtémoc se casó días antes
de que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania en
abril de 1917, con Ida Anzolut, la mejor amiga de mi madre,
que la conoció en la escuela.
En
1923 la abuela Beatriz regresó de los Estados Unidos
a vivir en la casa de sus padres en Tacubaya, pagando la
hipoteca con lo que había ahorrado y seguramente
con la ayuda de los ingresos de los hijos mayores. En esa
casa conocí a la abuela, a la Nanita y a Teté,
la hija de Mario. Me cuenta Eugenio Paredes Olache, mi primo
que probablemente en 1932 se fue la abuela a vivir unos
meses al departamento No. 10 del Edificio Isabel, donde
nosotros vivíamos, porque se arregló la casa
grande dividiéndola en dos, una en donde vivía
la abuela y la otra donde vivió Eugenio con su familia.
La abuela Beatriz Paredes Eguiluz, una mujer de gran valor
y con mucha personalidad, murió en 1933 en su casa
a la edad de 63 años. En la misma casa murió
la Nanita, el mismo año, pero de 103 años.
Poco
después del regreso de la familia Paredes a México,
el general Plutarco Elías Calles asume la presidencia
en 1924 y en los siguientes 4 años se desarrollan
sucesos que forjan por bien o por mal, el futuro de México
por los próximos 72 años, que siento es necesario
destacar. Al inicio de su gestión hace crisis el
problema con la iglesia que no acepta las limitaciones impuestas
en la Constitución de 1917. Hay confrontaciones contra
el gobierno, salen los cristeros y Calles suspende el culto
religioso. En junio de 1925 se funda el Banco de México.
En febrero de 1926 asesinan a Francisco Villa y al final
de su mandato Álvaro Obregón gana las elecciones
para remplazarlo, pero es asesinado el 7 de julio de 1928.
Los otros dos candidatos, Francisco Serrano y Arnulfo Gómez,
conspiran contra el gobierno. Serrano es asesinado cerca
de Cuernavaca y Gómez es fusilado en Veracruz. Calles
crea el Partido Revolucionario Nacional (PRN) e invita a
los sectores Obrero, Campesino, Popular y Militar a participar.
En los estatutos no escritos, le dan al presidente de la
República en funciones la responsabilidad del partido
y el poder para designar la sucesión. En 1946 el
PNR cambia de nombre a PRI, que mantiene el poder hasta
el 2000.
De
mis tíos recuerdo ir a casa de la tía Avelina,
también en Tacubaya, pero ahora arriba, cerca de
donde pasaba el tren a Cuernavaca y ahora está el
periférico. Era una casa con un jardín arbolado.
Vagamente recuerdo la presencia eventual de un hombre, que
debió haber sido el tío Julio de la Serna,
pero nunca lo oí hablar. Me aclara su bisnieto, Juan
Manuel Guadarrama Olhovich, que sus bisabuelos también
huyeron a los Estados Unidos e inclusive Avelina e Isabel
nacieron allá. Vivíamos relativamente cerca
y mi madre la visitaba con frecuencia. Me gustaba ir y jugar
con la prima Lola, que era un año mayor que yo y
tenía mucho que aprender de ella.
Siguiendo
en plan descendiente por edades, me llevaron varias veces
al hermoso departamento que tenía la tía Esther
en el Edificio Vizcaya en Bucareli. También conocí
al tío Miguel Ordorica, que hablaba muy fuerte porque
era sordo pero a pesar de su problema, era un periodista
notable y entiendo fundador de Ultimas Noticias del Excelsior
de la cadena de los Soles de García Balseca. Ahí
conocí a Beatriz, Sol y Eduardo, mis primos, los
tres mayores que yo. Recuerdo que Eduardo estudiaba medicina
y tocaba la marimba. Años después asistí
al funeral probablemente del tío Miguel Ordorica
y en esa ocasión conocí a Miguel, su hijo
mayor. Alguna vez vi a Rafael en México y en Connecticut
conocí a Esther y a Ángela. Rafael fue vicepresidente
de la Prensa Asociada en Nueva York.
Sobre
el tío Mario, no lo conocí o no me acuerdo
de haberlo visto nunca. El fue el mayor de los hijos de
la abuela. Se casó joven con Esther Rojo, matrimonio
que duró poco porque ella murió en 1919, dejando
a Teresa, su hija de 13 meses que crió la abuela
Beatriz. Martha mi prima, me relata algo de la vida de su
padre. Desde muy joven se fue a vivir al Brasil con la representación
de la farmacéutica Abbot, donde vivió muchos
años, posiblemente algunos años con su hija
Teresa. Vino a México, se casó con Emilia
del Olmo en 1931 y regresó con su nueva esposa el
mismo día de su casamiento a Brasil, primero a Sao
Paolo y luego a Río de Janeiro, donde nacieron sus
hijos Martha, Mario y María Cristina.
Su
hija Teresa se casó en 1941 con Carlos Cardoso y
tuvo una hija, Diana. Mario y su familia regresan a México
en 1942 y el muere el año siguiente a la edad de
54 años. En Brasil el esposo de Teresa muere en 1945
y en 1946 se vuelve a casar con Clodio con quien tiene un
hijo, Maxxio Creto. María Cristina, se casa con Armando
del Olmo, pero ella muere de una embolia cerebral a los
25 años en 1963. Teresa, su media hermana, muere
del corazón en Brasil a la edad de 44 años
en 1966.
Al tío Eugenio
y a la tía Luz los recuerdo vagamente. Seguramente
alguna vez asistieron a las comidas en casa de los García,
pero no recuerdo haber ido a su casa. Ellos se casaron el
5 de mayo de 1925 y después que murió la abuela
permanecieron en la casa de Tacubaya hasta 1935 cuando se
cambiaron a la casa que construyeron en Tuxpan 6. Tampoco
recordaba al primo Eugenio, que por cierto acabamos de hacer
contacto con él y me dice que estuvo en México
e inclusive hicimos un negocio en Mayo de 1951, pero se
me había borrado de la memoria. Me dice que sus padres
vivieron en Nueva York de 1949 a 1951, luego en Houston
hasta 1953, en donde el tío tenía con su hermano
Luis, un negocio llamado Paredes Lumber Company que además
de vender madera, fabricaban casitas.
Regresaron
a Nueva York en 1954 y finalmente en 1955 se cambiaron a
San Antonio,Texas. La tía Luz murió en la
Ciudad de México en septiembre de 1955 cuando vino
a visitar parientes y amigos. Fernando Cruz me cuenta que
por lo que oía en su casa, Eugenio fue un gran luchador,
en México tuvo una fábrica de muebles para
niños en la calle de Tlacoquemecatl, luego una fábrica
de algodón absorbente, también en la Colonia
del Valle. Con esta fábrica tuvo problemas contra
un competidor protegido por algún político
y cuando hubo un accidente laboral, el político le
hizo la vida imposible al grado de tener que cerrar la empresa.
Luego tuvo o participó en un aserradero en Zitácuaro
y estableció la fábrica de lavadoras Lava
Matic. En San Antonio ya viudo, montó primero una
fábrica de tortillas y acabó con una fonda.
La tía Magdalena lo encontró enfermo y desmoralizado,
se lo trajo a su casa y después de unos meses murió
en 1961.
Recuerdo
bien al tío Cuauhtémoc y a tía Ida
porque en varias ocasiones fuimos a visitarlos a su casa
en Las Lomas. Entiendo que él era el director o gerente
de Johnson & Johnson en México. En su casa conocí
al primo Eddy, a quien no he vuelto a saber de él.
A
la tía Raquel y al tío José H. García
los vi muchas veces en su casa en la calle del General León,
en la colonia San Miguel Chapultepec. Con frecuencia íbamos
a comer los domingos y yo era muy amigo de mi primo Manuel.
Los García eran hacendados pulqueros de Apan, grandes
productores e introductores de esta bebida al Distrito Federal
y además tenían pulquerías propias.
Los García eran los tíos ricos y de ellos
solo recibí atenciones excepto el día que
le escondí al tío su bigotera y no le cayó
en gracia.
Al
tío Luis Paredes y a la tía Consuelo los traté
bastante. Entiendo que desde que estaban en los Estados
Unidos, el tío Luis se relacionó con la empresa
Shell Oil y vino a trabajar con la compañía
que tenía Shell en México en Coatzacoalcos,
antes Puerto México. Luis se casó con Consuelo
Damián en 1938 en Coatzacoalcos. Ambos eran divorciados.
Consuelo tenía dos hijas, Ruth e Irma, que el tío
Luis adoptó. Con la tía Consuelo tuvo dos
hijas, Alicia y Consuelo. Con la expropiación petrolera
en marzo de 1938, la Shell cerró operaciones en México
y el tío Luis fue contratado por PEMEX, con quien
trabajó muchos años.
Cuando se cambiaron
al Distrito Federal, fuimos a verlos en una casa que tenían
en la Bahía de Morlaco 82 en la colonia Verónica
Anzures. Luego se cambiaron a un departamento en la colonia
Condesa y siendo estudiante de ingeniería en dos
o tres ocasiones fui a visitarlos a recoger a la prima Ruth,
para que me acompañara al famoso baile de Ingeniería
en el Palacio de Minería y presumirla, pues era una
joven muy bella.
Después
ya como hombre de negocios, traté al tío que
era uno de los jefes de compras de PEMEX. Al salir de PEMEX
puso una ferretería con el nombre de Polux en la
calle de Bucareli. Aparentemente no le fue bien y se fueron
a Houston en donde fundó la empresa Paredes Lumber
Company en donde trabajó con Eugenio, su hermano.
Los volví a ver en Los Ángeles, vivían
en la calle Larga y el tío era gerente de ventas
de Phoenix Furniture Comppany, una mueblería grande
en donde tuvo mucho éxito con sus clientes chicanos.
Cuando murió en 1968, fui con mi madre al funeral
que duró tres días. En la agencia funeraria
me confundían sus clientes que lo iban a despedir,
con su hermano, porque dizque me parecía mucho. Lo
acompañamos esos tres días durante el día,
porque todas las noches tuvimos cena con los deudos y las
muchas amistades que ellos tenían. Fue el primer
viaje que hice con mi madre, ya de grande y lo pase muy
bien, a pesar que obviamente no era un viaje de paseo.
A la
tía Magdalena y al tío Fernando Cruz también
los vi muchas veces. Recuerdo vivamente su casa muy bonita
sobre la Avenida de los Insurgentes. El tío Fernando
era Doctor Cirujano y tenía su consultorio en la
Avenida Revolución en Tacubaya y luego se cambió
enfrente a una oficina en el Edificio Hipódromo.
Al
tío Eduardo y a la tía Guadalupe Shotte los
traté mucho. Era el tío más joven y
aunque era 15 años mayor que yo, había una
cariñosa relación. El también trabajaba
con Shell en Coatzacoalcos y se casó con Guadalupe
Shotte de Frontera, Tabasco, en 1936. Recuerdo cuando vino
del sureste, después de la expropiación, puso
un negocio de venta de frutas y vegetales en la calle de
Colima en la colonia Roma. Nunca lo olvidaré con
su delantal blanco de recaudadero. Luego por años
estuvo en el negocio de Automóviles Ingleses. Varias
veces fuimos a su casa en la calle de Pedernal, a unas 4
cuadras de donde nosotros vivíamos.
Sobre
mis padres trataré de resumir lo más destacado
de lo que pasó en sus vidas. Mi padre, Gabriel Saavedra
Becerra, nació en un pueblito cerca de Buga, en el
Valle del Cauca de Colombia en 1887. Tuvo dos hermanos mayores,
Luis e Inés. Su madre murió durante una epidemia
de fiebre amarilla, cuando era un bebé. Su padre
se volvió a casar y lo crió una tía
abuela. A la edad de 16 años decidió buscar
otros derroteros, se embarcó en un carguero en el
puerto de de Buenaventura y fue a dar a San Francisco, en
los Estados Unidos. Logró conseguir un trabajo de
linotipista en un periódico francés, dizque
porque era similar al idioma que él hablaba.
Pasó
el terremoto e incendio de 1906 en San Francisco y probablemente
en 1912 se trasladó a Chicago en donde logró
un puesto en el departamento de exportación de Union
Special, una compañía que fabrica máquinas
de coser. En 1922 obtuvo la distribución de sus productos
para México e instaló un centro de costura
en un local alquilado en la esquina que hacía Puente
de Alvarado con Humboldt. Ahí, a principios de 1924
llegó Matilde Paredes a aprender a coser en máquina
y conoció al dueño del negocio. Seguramente
se enamoraron rápidamente porque se casaron en septiembre
del mismo año.
Primero
vivieron en una privada en la calle de Martí en Tacubaya,
donde nací, luego en un departamento en la calle
de Humbolt y un par de años después, acercándose
a Tacubaya vivimos primero en la calle de Acapulco y luego
en Juan Escutia, en la colonia Condesa. Mi hermano Gabriel
nació en enero de 1929 y en 1931 nos cambiamos al
Edificio Isabel, en la esquina de Revolución y Martí,
a escasos 50 metros de donde yo había nacido.
Probablemente
el negocio de máquinas de coser no funcionó
como mi padre hubiera querido y se asoció con Jorge
Tarditti en una compañía de representaciones
extranjeras que estaba en Ayuntamiento, cerca de Bucareli.
Recuerdo que ahí trabajaba mi prima Rosa de la Serna.
En 1938 mi padre le vendió su parte al socio y en
diciembre nos fuimos en coche a Chicago, acompañados
por mi primo Antonio García Paredes que iba a traer
un Studebaker nuevo para su familia, que le iban a entregar
en la fábrica de South Bend, Indiana, cerca de Chicago.
Cerca
del pueblo de Pearsall, antes de San Antonio, en Texas,
nos volcamos, pero salimos bien librados, con solo algunos
golpes y cortadas. El coche se quedó en un taller
y seguimos el viaje en tren. De Chicago fuimos a Nueva York
antes de la Navidad, donde nos quedamos mi hermano y yo
solos con mi madre 9 meses, en una casita amable que rentaron
en Forest Hills, un suburbio de Queens. Mi hermano y yo
fuimos a la escuela pública de la colonia y mi padre
volvió a México para regresar hasta septiembre
de 1939 con el coche arreglado y en octubre nos embarcamos,
con coche y todo, en el vapor Santa Rita de la Grace Line
al puerto de Buenaventura en Colombia, de donde mi padre
había salido 36 años antes.
En
Colombia mi padre estableció un negocio con representaciones
de primera y permanecimos en Bogotá 3 años.
Mi madre extrañaba su país y a sus gentes
y después de su primera operación de cáncer,
decidieron regresar a México. Mi padre vendió
el negocio a uno de sus empleados, Guillermo Quintero, joven
muy capaz, que supo aprovecharse de la mina que había
comprado y que a través de los años le dejó
muchos dólares. Le pagó a mi padre con un
porcentaje de las comisiones durante varios años.
Regresamos a México en diciembre de 1942, yo entré
a la Universidad a estudiar Ingeniería Petrolera
y mi hermano Gabriel hizo la carrera de Ingeniería
Química. Mi padre estableció otro negocio
de representaciones, pero ni poniéndole G. Saavedra
e Hijos, consiguió buenas representaciones y vivimos
por años con las comisiones que recibía de
Colombia.
Para
esto, mi padre era un autodidacta. Había leído
mucho y tenía buena memoria. Era un excelente conversador
y cuando charlaba por ejemplo sobre Europa antes de haberla
visitado, aparentemente sabía más que algunos
que habían ido varias veces. Hicieron una bonita
pareja. Mi madre era instruida y tenía el don de
escribir. Muchas de sus cartas y las reseñas de sus
viajes son extraordinarias y muy amenas. En 1949 mi padre
decidió probar otro negocio y fuimos los cuatro a
Los Ángeles con la idea de establecer un negocio
de exportaciones y obtener la representación de empresas
en los Estados Unidos que no tenían experiencia en
exportar. No lo logró y decidimos que yo participaría
en su negocio en México, para lo cual conseguimos
algunas representaciones que requerían algo de ingeniería
y las ventas mejoraron. Por la diferencia en edades, en
1950 y con 63 años, la preocupación de mi
padre era dejar un ingreso seguro a mi madre. En 1950 participé
en la construcción de un edificio de departamentos
en la colonia Nápoles, que puso a su nombre.
En
1958 me asocié con una empresa inglesa y montamos
una fábrica de cable de acero en México y
aunque mi padre no participó en la fábrica,
el era el principal distribuidor. Probablemente en 1964
y ya cansado con 77 años, le vendió su empresa
distribuidora a la fábrica y fue la primera vez que
tuvo algún dinero junto. Construyeron la casa de
Cuernavaca y fueron a Europa varias veces. Mi padre murió
en 1976 a la edad de 89 años por complicaciones de
un cáncer de próstata. Mi madre tuvo otras
dos operaciones serias de cáncer en México
y a pesar de este estigma, fue la que vivió más
de todos sus hermanos y la última en morir. Murió
en 1991 por insuficiencia pulmonar, seguramente por el endurecimiento
de los bronquios causado quizás por una sobredosis
de radiación que le dieron cuando joven, también
a la edad de 89 años.
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Cierro este relato invitando
a mis primos me envíen más datos y fotos para
ampliar la información sobre sus padres. Además,
me dio gusto iniciar el directorio familiar en el Portal
de Internet, www.losparedes.com. Fuimos 40 primos, de
los cuales 6 murieron jóvenes. Sin poder confirmarlo,
creo que hoy, en mayo del 2004, vivimos 18 primos hermanos,
pero por el lado de los hijos y sobrinos, creo no lo hemos
hecho mal, pues según mis cuentas son mas de 100,
sin contar uno que otro que quizás no entró
en mi suma.
Mayo del 2004
Gustavo Saavedra Paredes
Los hermanos Paredes Eguiluz en 1935

Arriba : Avelina, Esther, Eugenio, Cuauhtémoc y Raquel
Abajo: Eduardo, Magdalena,. Luis y Matilde
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